Siempre decimos que se van los mejores, pero en este caso no cabe lugar a duda de que era el mejor. Para los profesionales que nos dedicamos a la reproducción asistida, el pasado 10 de abril fue un día triste; Robert Edwards, el científico británico ganador del premio Nobel de Medicina en 2010 y pionero en el desarrollo de la fertilización in vitro (FIV) que permitió concebir a los "niños probeta", falleció a los 87 años tras una larga enfermedad.

Edwards, conocido como "Bob" por sus amigos, nació en 1925 en un pequeño pueblecito al norte de Manchester llamado Born. Se licenció en biología en 1955, y centró sus investigaciones científicas en la manera en la que los animales se reproducían con la idea de aplicar esos conocimientos, algún día, a la especie humana. Durante esta época, en 1968 acudió a una conferencia del ginecólogo Patrick Steptoe en la que éste explicaba el procedimiento para extraer los óvulos de una mujer mediante una técnica llamada laparoscopia. Edwards llevaba investigando desde los años 50 en la posibilidad de extraer un óvulo de una mujer e implantárselo de nuevo tras fecundarlo en el laboratorio con espermatozoides, por lo que este encuentro supuso el inicio de una fructífera colaboración entre ambos científicos.

Producto de esta colaboración pionera, el 25 de julio de 1978 nació en Oldham, Inglaterra, Louise Brown, la primera (mal llamada) "bebé probeta". Sin embargo, la incomprensión social y religiosa llevó a post poner el anuncio de tal acontecimiento hasta el 26 de enero del año siguiente. Esta inglesa de 34 años ha tenido que pasar múltiples revisiones para comprobar su salud y demostrar que este tipo de fecundación es tan segura como la natural, y surgió así una nueva esperanza para muchas parejas que hasta aquel momento no tenían ninguna esperanza en la formación de un núcleo familiar. Desde entonces han nacido más de 5 millones de bebés en todo el mundo como resultado de las técnicas de FIV.

El camino no fue fácil; el científico británico tuvo que vencer “retos monumentales” en el campo de la ciencia y superar la “fuerte oposición del sistema”, que alegaba obstáculos éticos a sus investigaciones, según apuntó el Instituto Karolinska de Estocolmo, quien, como a todo gran hombre le llegó el reconocimiento mundial en los últimos coletazos de su productiva vida, otorgándole el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 2010.

A lo largo de su investigación, estudió cómo extraer el óvulo de la mujer, describió los periodos en los que el óvulo está preparado para ser fecundado y desarrolló la técnica para que los espermatozoides se activen y fecunden el óvulo. Edwards desarrolló primero su técnica en animales y después demostró que el embrión humano podía ser cultivado e implantado dando lugar al nacimiento de un bebé sano.

Pero sus aportaciones a la ciencia de la fecundación in vitro fueron más allá de los avances en el laboratorio; en 1984, junto al ginecólogo francés Jean Cohen, fundó la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) y le dio forma hasta que se convirtió en una de las sociedades más importantes del mundo de la ciencia y la medicina de la reproducción. Pero no solo eso, sino que en 1986, Edwards lanzó ‘Human Reproduction’, la revista que desde entonces ha sido una importante referencia en este campo.

El Dr. Arnott recuerda emocionado su primer encuentro con él: “conocí al profesor Edwards en el año 1980 en el Bourn Hall, en una estancia que realicé junto a otros compañeros. Años más tarde volví a coincidir con él en Seattle en un congreso de la ASRM”. Muchas personas van diciendo que son pioneras, pero este hombre realmente lo era. Edwards era un luchador y creía en lo que estaba haciendo, conocía el lado humano de esto. “Lo que me impresionó de aquel hombre fue su calidad humana, su sencillez a la hora de exponer las cosas, la humildad que tienen los grandes hombre” continúa el Dr. Arnott. “No había que pedir audiencia para acercarse, todo en él era amabilidad y cortesía, parecía que estabas hablando con un colega de toda la vida; esa es la grandeza de los grandes hombre”.

Bob era un líder incansable e inspirador en la medicina reproductiva, y es justo decir que los tratamientos de infertilidad que tenemos hoy en día no se habrían desarrollado sin su dirección. En estas tres últimas décadas, los avances en el campo de la reproducción asistida han sido tan importantes que han nacido cerca de 5 millones de niños gracias a la FIV, se han alcanzado tasas de éxito superiores al 50% con algunas de las técnicas, y se ha logrado liberar a recién nacidos de determinadas enfermedades hereditarias. De todo esto ha sido testigo activo Sir Robert Geoffrey Edwards, iniciando el camino para que muchos colegas pudieran aportar alegría y vida a parejas que estaban desahuciadas, y siendo desde el principio un alentador ejemplo para todos los profesionales que día a día trabajamos con esa misma motivación de ayudar a las familias.

Bob, te recordaremos por grandes razones como tus notables logros en la biología humana, pero sobre todo por tu escucha comprensiva y tu coraje constante.

“Gracias Dr. Edwards”, se despide cariñosamente el Dr. Ignacio Arnott, director médico de FIV4 Instituto de Reproducción Humana.