“¿Por qué no se implantan mis embriones? Ustedes nos dijeron que todo iba muy bien, ¿qué ha sucedido?”.  Es la típica pregunta que nos hacen los pacientes que no consiguen los resultados esperados tras una beta negativa. Nos encontramos con pacientes desilusionados, disgustados y a veces malhumorados. Sobre todo, si durante la fase de tratamiento les vamos diciendo que todo va bien y que obtenemos suficientes ovocitos para que, una vez fecundados, se generan embriones que, así les informamos, son de buena calidad.

Por eso es tan importante explicar bien las cosas y no crear falsas expectativas sobre unos resultados que son del todo inciertos.

A continuación, vamos a explicar una serie de circunstancias que pueden influir en un resultado no deseado.

¿Qué es el embrión?

Por un lado tenemos el embrión, que creemos que es la parte más importante del proceso. Por el otro, útero, que es el habitáculo receptor de la mujer. Un embrión se genera por la unión de dos gametos, como son espermatozoides y óvulos, y es aquí donde encontramos las primeras dificultades, pues no dejan de ser estructuras biológicas que tienen un comportamiento peculiar influido por circunstancias sociales y médicas.

A día de hoy, el estudio del óvulo y de los espermatozoides es bastante limitado, por lo que nos centramos fundamentalmente en el resultado de su unión: el embrión. Hasta ahora, nos limitábamos a estudiar el embrión desde un punto de vista meramente morfológico. Posteriormente, aparecieron los famosos incubadores Time Lapse, que nos permiten analizar su velocidad a la hora de dividirse. Así, añadimos otro elemento clasificatorio, como es la morfo cinética.

Con eso sabemos cuál es su aspecto exterior, pero no su información genética. Ello ha impulsado el surgimiento de nuevas técnicas para clasificar y elegir los embriones con mayor poder implantatorio, como es el PGS-A. Y no solo eso, sino que ya se empieza a hablar de estudiar el metabolismo de los embriones con el fin de elegir aquel embrión con mayor capacidad de implantarse y llegar a una gestación a término. Son las llamadas Omicas, aunque todavía están empezando (pero llegará).

Fallos de implantación del embrión

Hasta ahora solo os hemos hablado del embrión, pero llega el momento de hacerlo sobre dónde se va a implantar y dónde va a desarrollarse. Es decir, dónde va a vivir: el útero. Aquí nos podemos encontrar múltiples factores que dificulten dicha anidación: anomalías anatómicas (los famosos miomas y pólipos), procesos inflamatorios causados por múltiples microorganismos y reacciones del estado inmunológico, que podría actuar ante un ser extraño como es el embrión.

Por eso, se os ofrecerá hacer estudios como la histeroscopia, valorar la receptividad endometrial, conocer el ambiente microbiónico del útero y saber si vuestro estado inmunológico se corresponde con el del nuevo huésped. Todos estos procesos son largos, costosos y no ofrecen ninguna garantía de éxito. De ahí que sea tan difícil explicar “por qué no me quedo embarazada, doctor”.