Alrededor de 1 de cada 88 niños nacidos (según registros de Estados Unidos) son diagnosticados de un trastorno del espectro del autismo, uno de los trastornos mentales más hereditarios, pero de los que se sabe poco acerca de cómo se desarrolla.

El ácido fólico es necesario para la síntesis y reparación del ADN en el cuerpo humano y su forma de origen natural, folato, se encuentra en verduras de hoja, guisantes, lentejas, frijoles, huevos, levadura e hígado. La ingesta de suplementos de ácido fólico durante el embarazo temprano se sabe que protege contra la espina bífida y otros defectos del tubo neural en los niños. Pero además de esto, según un reciente estudio publicado en “Journal of the American Medical Association”, el tomar ácido fólico antes del embarazo reducen el riesgo de trastornos del espectro autista en el niño en un 40%.

Un total de más de 85.000 bebés nacidos entre 2002 y 2008 en Noruega (lugar donde se realizó este estudio) y sus padres participaron en el estudio MOBA, en el que se registraron los hábitos alimenticios prenatales, y las familias fueron encuestadas regularmente durante entre 3 y 10 años para medir el desarrollo de los trastornos del espectro autista. Se identificaron un total de 270 casos y se observó una reducción del riesgo en las mujeres que tomaron ácido fólico durante el intervalo de tiempo de entre cuatro semanas antes y ocho semanas después del inicio de la gestación, indicando que el momento de la ingesta de una madre de folato parece ser un factor crítico.